La tierra que pisamos

A las charcas iban manadas de grandes tortugas, mastodontes, rinocerontes y pequeños caballos

La zona de El Batán era conocida por sus restos del Terciario

Hubo un tiempo, hace 40 millones de años, en que este lugar modelado por dos importantes arroyos estaba jalonado por abundantes charcas donde se concentraban los animales más diversos. Aún el hombre tal como lo conocemos no había evolucionado.

La época Terciaria se engloba en la primera etapa de la Era Cenozoica. En la actualidad se prefiere el nombre de Era Cenozoica para el lapso de tiempo total entre la extinción de los dinosaurios y el presente, la cual se divide en tres períodos llamados Paleógeno, Neógeno y Cuaternario. Lo que antes se llamaba Período Terciario hoy se llama Paleógeno y Neógeno

Este lugar había sido un mar interior con un clima cálido y húmedo lleno de grandes sequoias, magnolias y árboles cuyas especies ya no existe.

Geológicamente El Batán está asentado sobre el Macizo Hespérico o Ibérico una mezcla de rocas y sedimentos.

Desde su formación remota este sitio de El Batán ha pasado por múltiples formas hasta llegar a la que hoy vemos.

Hace nada más y nada menos que 45 millones de años, en el periodo Oligoceno de la historia geológica, fue cuando empezaron a formase los terrenos que hoy constituyen el sustrato de la zona. La mayoría de sus tierras son arenas arcósicas (areniscas que contienen menos del 90% de cuarzo y más tanto por ciento de feldespato que fragmentos de roca) de grano medio a fino, limos y arcillas marrones salidas de la descomposición de las rocas graníticas del Guadarrama, arrastradas por las aguas torrenciales. Su espesor supera en algunos sitios los dos mil metros de profundidad.

El color predomínate de estos terrenos es el blanco amarillento o pardo, terrenos de fácil erosión cuando la materia vegetal se pierde.

Los sedimentos de cantos rodados, grava, arena, limos y arcillas que forman el sustrato de El Batán contienen importantes vestigios de la vida que se desarrolló en ellas en épocas pasadas bajo diferentes ambientes.

Entre esos restos destacan los grandes vertebrados, cuyos hallazgos se remontan a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

La actividad excavadora en los abundantes tejares de la zona, dieron lugar a muchos e importantes hallazgos.

Ignacio Bolivar con su gran descubrimiento
Adán Pérez-García, junto a un ejemplar de tortuga gigante

No se trata de una tortuga cualquiera sino de la mayor que habitó en Europa, con un tamaño que podía exceder de manera notoria al de las tortugas terrestres que actualmente habitan en las Islas Galápagos.

La zona era conocida por sus restos del Terciario, destacando por su abundancia las grandes tortugas, hasta de un metro y medio de longitud, descritas en principio con el nombre Testudo bolivari, en honor al primer catedrático español en entomología, también director del Museo de Ciencias de Madrid Ignacio Bolivar Urrutía (1850-1944) que fue su descubridor.

Estas tortugas formaban grandes manadas. El cambio climático que determinaría la aparición del Cuaternario, con unas temperaturas alternadas en ciclos fríos y templados, hizo cambiar la flora y la fauna de este lugar.

Fue en este tiempo cuando surgió la especie humana, aunque no se tiene constancia de ningún hallazgo importante de restos humanos, se supone que al igual que otras zonas parecidas y próximas, como la Casa de Campo, tuvo que haber algún asentamiento en la zona  de  El Batán.


En esta aventura por descubrir las tierras de El Batán nunca se va solo, me acompañan con su legado los que la iniciaron hace más de un siglo: